El milagro de Santa Escolástica, Fray Pedro Subercaseaux, osb
 
De SANTA ESCOLÁSTICA sabemos únicamente que fue hermana de San Benito, que nació en Nursia, Italia y que desde su tierna infancia se consagró a Dios como su hermano Benito. San Gregorio Magno, biógrafo de San Benito, nos cuenta en el Capítulo XXXIII del libro II de los Diálogos, que Escolástica vivía en un Monasterio de monjas, cerca de su hermano Benito a quien solía visitar. En uno de esos encuentros, luego de pasar un día en ORACION Y FRATERNIDAD, pidió a su hermano hacer una vigilia para pasar toda la noche orando, presintiendo que sería el último encuentro. Benito rechaza este pedido y ante la negativa, Escolástica se puso a rezar. Una lluvia torrencial comenzó a caer sobre el lugar, Benito se vio forzado a permanecer con ella y reprendiéndola exclama: “¡Dios te perdone hermana! ¿Qué has hecho?” A lo cual ella responde: “¡Te pedí algo y no me lo concediste. Se lo pedí a mi Señor y me lo concedió!”. Al narrar este hecho, San Gregorio reflexiona acerca de Escolástica: “Y no es de maravillar que en esta ocasión pudiese más que él aquella mujer que ardía en deseos de ver por más tiempo a su hermano; porque, como dice San Juan: Dios es caridad, y era muy justo que tuviese más poder quien más amaba”.
 

Alocución a las religiosas de Juan Pablo II, 1980

 ¿Cómo no recordar, la densa jornada que pasaron los dos Santos hermanos alabando a Dios y en santa conversación como nos cuenta San Gregorio Magno, a la que siguió la famosa vigilia nocturna, obtenida con la oración de Santa Escolástica, por lo que pasaron toda la noche saciándose de suaves coloquios y contándose los dos santos hermanos, el uno al otro, la experiencia de la vida espiritual? (Diálogos, 2, 33; PL 66, 194 196).

En esta altura de vida mística, que es la suma de la perfección, a vosotras sumidas “en los pensamientos contemplativos” (Dante, Paraíso, XXI, 117) os es dado experimentar, gustar y sentir a Dios, por medio de la continua aplicación de las potencias espirituales, aunque en la oscuridad de la fe; y vosotras sabéis, por experiencia, que cuanto más íntima es la conversación con el Padre celestial, TANTO MÁS SE EXPERIMENTA QUE NUNCA ES SUFICIENTE EL TIEMPO PARA ESTE ALTÍSIMO ACTO DE CARIDAD.