Una Iglesia santa y pecadora

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Dios nos habla a cada uno a través de los acontecimientos, es por eso que los invitamos a poder reflexionar en torno a los sucesos que estamos viviendo como Iglesia de Chile, a no quedarnos en la superficie, sino detenernos y profundizar con una lectura orante las palabras del Papa Francisco a los Obispos ya que muchas nos vienen bien a todos, y descubrir cómo Dios quiere renovar y fortalecer nuestra fe en estos momentos de crisis. Y así, con el corazón lleno de dolor pero también de esperanza, dirigirnos al Señor con humildad, pidiendo que sane las heridas y sepamos encontrar caminos de reparación, confiados en que la Iglesia es guiada por el Espíritu Santo y que es Cristo quien va delante como Cabeza de este cuerpo que es la Iglesia. Él prometió estar con nosotros hasta el fin de los tiempos. “El cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán” Mt 24,35.

Para esta profundización, recomendamos este extracto de Joseph Ratzinger, que es una ayuda a cómo entender HOY lo que profesamos en el Credo: “(creo) la santa Iglesia católica”  y una reflexión entorno a estos sucesos hecha por el Padre Abad Benito Rodriguez, monje benedictino.

Pidamos a MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA, nos siga protegiendo y llenando de sus gracias.

Unámonos a la Oración por los Sacerdotes que está rezando nuestra Diócesis de Rancagua.

UNA MIRADA DE CONVERSIÓN
A PARTIR DE LAS PALABRAS DEL PAPA FRANCISCO A LOS OBISPOS DE CHILE
(Extracto)

+Benito Rodríguez, OSB
Monje benedictino

PÉRDIDA DE CONFIANZA

Hoy el punto de partida en que nos encontramos es que nuestra Iglesia de Chile ha caído muy bajo en sus niveles de aceptación en una parte importante de nuestra sociedad. Es como que nos hubieran movido el piso, y esa autoridad moral necesaria e indispensable para decir una palabra se hubiera evaporado. Hemos perdido la confianza de esa sociedad a la que por vocación estamos llamados a servir anunciando la Buena Noticia de que Jesús es el Hijo de Dios. En buena parte también, hemos perdido la confianza en nosotros mismos y, quizás aún peor, entre nosotros mismos, especialmente en quienes entre nosotros ejercen el servicio de la autoridad. Este es el punto de partida en que en nuestra Iglesia de Chile nos encontramos hoy …

HACERNOS RESPONSABLES

Pero no basta simplemente con hacer una constatación, también es importante reconocer con verdad por qué estamos hoy en esta nueva situación, porque la verdad nos hace libres, y si con humildad y con fe la podemos reconocer, solo entonces esta realidad en la que hoy estamos podrá constituirse verdaderamente en un punto de partida. Porque, en definitiva, no basta con mirar y reconocer nuestra condición actual de precariedad y quedarnos rumiando en desolación, sino que también es bueno poder ponernos en camino hacia donde somos llamados por el Señor. Y el Papa Francisco nos da un buen empujón en este sentido cuando nos dice que la causa de las dificultades presentes se debe fundamentalmente a nuestros errores y pecados. Hacernos responsables y no buscar la culpa en otros, sin caer tampoco en una culpabilidad tóxica, pues de lo que se trata es de ponernos en movimiento a través de un humilde examen de conciencia que nos lleve a una purificación de la memoria y a una genuina y valiente conversión del corazón …

Las dificultades presentes son una oportunidad … para restablecer la confianza en la Iglesia … para restablecer la confianza en nosotros mismos, entre nosotros mismos … poniendo en Cristo esa confianza que necesitamos, y que no defrauda.

EL PAPA FRANCISCO COMO BUEN PASTOR

Este itinerario interior al que alude el Papa Francisco me recuerda esa imagen que nos da Jesús del buen pastor, ese que “dejando las noventa y nueve ovejas en el desierto va a buscar la que se le perdió hasta que la encuentra … Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros …” (ver Lc 15, 4-7). Yo espero que esto último así suceda realmente, que a todos los que conformamos la Iglesia de Chile Jesús nos ponga contento sobre sus hombros … y que lo haga a través del Papa Francisco. Me resulta conmovedor el hecho de que estemos siendo objeto de tanta atención, de un cuidado tan particular por parte del Papa … por supuesto que también con un cierto sentimiento de vergüenza, porque quisiera que la causa de la atención pastoral del Papa fuera distinta … Recuerdo lo que sucedió hace ya  cuarenta años, en diciembre de 1978, cuando también fue un Papa, Juan Pablo II, quien nos vino a rescatar y nos puso sobre sus hombros, cuando ya la guerra con nuestros hermanos argentinos era algo inminente …

CAPACIDAD DE ESCUCHA

 Esos visitadores enviados por el Papa nos dejan una gran enseñanza: y es esa capacidad de escuchar, acoger, empatizar … de sentirse abrumados por el dolor del prójimo … ¿No es este, en definitiva, el gran déficit de nuestra parte que ha quedado en evidencia en todo esto? … Pienso en la parábola del buen samaritano (ver Lc 10, 29-37) … Aquí también han tenido que venir esos buenos samaritanos para enseñarnos a practicar eso que en la teoría ya conocíamos tan bien … Porque quizás la culpa más grave que la sociedad nos echa en cara es que no supimos acoger en su momento a las víctimas de los abusos de conciencia y poder y, en particular, de los abusos sexuales cometidos por diversos consagrados de nuestro país contra menores de edad … Porque no les creímos, porque nos hicimos los desentendidos … o por otras razones que quizás aún no logramos identificar del todo.

Es lamentable que hayan tenido que producirse abusos sexuales entre menores para que la Iglesia tome conciencia del abuso de conciencia y de poder. El ejercicio de la autoridad dentro de la vida consagrada en la Iglesia se ha desdibujado, así como el valor de la obediencia. Porque amparándose precisamente en la supuesta legitimidad de una autoridad y en el fundamento evangélico de una obediencia como la de Jesús, es que se ha favorecido en algunos el abuso de poder y la violación del carácter sagrado que tiene la conciencia de una persona. Y a mi juicio de esto se trata lo que hoy enfrentamos en la Iglesia … un gran problema que, sin embargo, es al mismo tiempo una gran oportunidad de conversión, sanar y liberar … para que vuelva a brillar la luz de Cristo y su evangelio en todos los estamentos en los cuales se articula la estructura de la vida eclesial.

LIDERAZGOS CARISMÁTICOS

En la Iglesia hay un tipo de liderazgo, que podríamos llamar carismático, que lo reciben determinadas personas y que convocan en torno suyo a jóvenes y que van con el tiempo forjando un movimiento. Es un liderazgo que debe ser discernido, discernir los espíritus para ver si son verdaderamente de Dios. La historia reciente en nuestra Iglesia de Chile y Universal nos muestra que conlleva un riesgo alto cuando la persona carismática adolece de ciertas virtudes evangélicas fundamentales que debieran avalar su legitimidad, como pueden ser, por ejemplo, la humildad, la compasión, el espíritu de servicio. El líder carismático que convoca a otros en torno suyo, en el nombre de Jesús y de su Iglesia, tiene que hacerlo necesariamente al estilo de Jesús y ser, por lo tanto, algo así como un ícono de Cristo y no de sí mismo. El que es un ícono de sí mismo, es decir, que estampa ahí su propio rostro y no el de Cristo, es en el fondo un ídolo, y el ídolo atrapa, en cambio el ícono auténtico es siempre como una ventana a Dios. Y son precisamente estos “ídolos humanos” que, por ser carismáticos, convocan en torno suyo muchas personas, especialmente a jóvenes, quienes tienen grandes posibilidades de terminar manipulando conciencias y abusando de una autoridad que no comprenden que es para servir y no para ser servidos …

UNA VERGÜENZA BUENA

 Si hay un rasgo que caracteriza al Papa Francisco es ese de empatizar con el dolor del prójimo … pero también una valentía que se expresa no tanto en manifestaciones de fuerza sino en una capacidad de sentir vergüenza del mal propio y ajeno … él no se deja envolver en una suerte de sentimiento de culpa enfermizo o en un cierto complejo de inferioridad, ¡impensable por lo demás para alguien que proviene de Buenos Aires! … En Francisco se pone en evidencia algo de esa vergüenza buena que moviliza y hace tomar conciencia del mal, sentir dolor y arrepentimiento … como sucede a ese publicano de la parábola que entrando en el templo se pone de rodillas delante de Dios (ver Lc 18, 9-14) … La vergüenza buena, esa que es evangélica y que nos hace arrodillarnos delante de Dios, también nos levanta delante de los demás, en la medida que va haciendo posible que el perdón de Cristo nos alcance …

REPARAR CON ACTOS CONCRETOS

Son graves los términos que utiliza el Papa, porque se refiere a la necesidad de reparar el escándalo y de restablecer la justicia … Nos resuena aquí ese texto del evangelio que dice que “el que recibe a un niño como este en mi nombre a mí me recibe. Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! Es forzoso, ciertamente, que vengan escándalos, pero ¡ay de aquel hombre por quien el escándalo viene” (ver Mt 18, 5-7) … Reparar el escándalo es muy difícil, algunos piensan que humanamente es imposible … porque ¿cómo se sana esa herida en el alma de un niño cuando se le ha robado la inocencia y le han quebrado esa capacidad de confiar? ¿cómo se le devuelve a un niño su intimidad herida cuando alguien más fuerte se ha atrevido a traspasar con violencia ese pudor infantil que protegía su conciencia? … En fin, pero aún así, Jesús nos asegura que aunque “para el hombre sea imposible, para Dios todo es posible” (ver Mc 10, 27) …

Pero pareciera que lo que sí está más al alcance de lo humano es restablecer la justicia … y eso es lo que el Papa Francisco ha intentado hacer desde que pisó tierra chilena en febrero de este año. El itinerario que siguió fue ya desde lo geográfico muy significativo … por momentos accidentado … con palabras y exhortaciones, a tiempo y a destiempo, oportunas e inoportunas … un itinerario que aún no termina … y que continúa con esta carta a los obispos de Chile y los encuentros en Roma en este mes de mayo … Porque restablecer la justicia no se hace solamente con “buenas palabras ni quedándose en los universales” … sino con actos concretos que tengan en sí mismo algo que para las víctimas pueda ser claramente interpretado como reparador … Porque es importante que a la victima se le reconozca el derecho de serlo, para que pueda desprenderse de esa identidad provisoria, y pueda encaminarse lo más pronto posible hacia esa otra a la que está llamada y donde pueda desenvolverse asumiendo la responsabilidad de su propia vida … Restablecer la justicia es quizás el primer paso, necesario e indispensable, para que se pueda poner en movimiento ese proceso interior de reparación del escándalo en las víctimas, un proceso que implica sanación, perdón, liberación …

UN PAPA QUE RECONOCE SUS ERRORES

Un Papa que se equivoca … que además lo reconoce … y que pide perdón … Ya con esto solo, a mi entender, él ha puesto en movimiento un proceso para restaurar, al menos, esa justicia rota a la que él alude anteriormente. Él, el primero, porque él es Pedro, que tiene como misión confirmarnos a todos en la fe … servir a los siervos de Dios … buscando esa comunión que también ha sido rota por el escándalo … El Papa humanamente no es infalible, se puede equivocar … y qué humano se muestra desde esta perspectiva … exquisitamente humano, agregaría, sobre todo porque es capaz de reconocerlo … ¡y públicamente! … dándonos a entender que el tema no es tanto equivocarse o no, porque esto le está permitido a cualquiera, aún al Papa … pero que lo importante es darse cuenta, ser capaz de reconocerlo, de volver … de levantarse … y de pedir perdón … y reparar, en lo posible, si con el error se ha dañado a otros.

El magisterio de los papas se va explicitando a través de sus palabras dichas y escritas, pero lo que los hace más cercanos y creíbles para el pueblo de Dios es el  testimonio que dan con lo que hacen en sus vidas …  Lo que hizo Francisco, al inicio de su pontificado, cuando fue a Lampedusa para llamar la atención de Europa sobre la tragedia de los refugiados que desde África huían buscando una posibilidad de vida mejor … Lo que hizo Benedicto XVI, el Papa alemán, cuando visitó Auschwitz buscando restaurar esa justicia rota en tantas víctimas allí sacrificadas en nombre de una ideología perversa … Lo que hizo Juan Pablo II, al inicio del tercer milenio, cuando llamaba a la purificación de la memoria de la Iglesia por los errores, pecados, injusticias y omisiones cometidos por sus miembros consagrados y laicos a lo largo de la historia … En fin, en continuidad con lo anterior, es lo que hace hoy Francisco cuando dice en esta carta a los obispos de Chile “ya desde ahora pido perdón a todos a todos aquellos a los que ofendí y espero poder hacerlo personalmente en las próximas semanas”… Si Jesús desde la cruz perdonaba a sus verdugos, los papas piden perdón porque también se equivocan y son hombres como nosotros …y lo hacen en nombre de toda la Iglesia …

Concluyo estas notas citando las palabras finales de la carta del Papa Francisco a los obispos de Chile del 8 de abril, porque la Iglesia de Chile no es solo responsabilidad de nuestros obispos, sino de todos los habitantes de esta tierra que hemos recibido el don del bautismo en la Iglesia Católica …

“Estos días miremos a Cristo. Miremos su vida y sus gestos, especialmente cuando se muestra compasivo y misericordioso con los que han errado. Amemos en la verdad, pidamos la sabiduría del corazón y dejémonos convertir …” 

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