NAVIDAD

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Comentario lecturas de Navidad ciclo “C”, del P. Pedro E. Alurralde, monje benedictino del Monasterio de Santa María de los Toldos, Argentina.

EVANGELIO: Lc 2,1-14

«Apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen.

José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.

Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque donde se alojaban no había lugar para ellos.

En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Ángel les dijo: “No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres amados por Él!”» 

«El ángel anuncia al Rey nacido, y a su voz cantan acordes los coros de los ángeles y, mutuamente regocijados, claman: Gloria a Dios en lo más alto de los cielos y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad; porque antes de que nuestro Redentor naciera en la carne, estábamos en desacuerdo con los ángeles, de cuya claridad y pureza distábamos mucho, por merecerlo así la primera culpa y nuestros diarios delitos; porque como pecando nos habíamos alejado de Dios, los ángeles, ciudadanos de Dios, nos consideraban también como extraños a su compañía; pero, cuando ya reconocimos a nuestro Rey, los ángeles nos reconocieron como ciudadanos suyos, porque, habiendo tomado el Rey del cielo la tierra de nuestra carne, la celsitud angélica ya no desprecia nuestra pequeñez: los ángeles hacen las paces con nosotros; dejan a un lado los motivos de la antigua discordia y respetan ya como compañeros a los que antes, por enfermos y abyectos, habían despreciado».

NOCHE DE REGALOS

Hoy nos ha nacido un Salvador, que nos sonríe con: ¡rostro de Niño y corazón de Dios!

La Nochebuena es la noche de los niños y de los que han venido esperando su llegada con corazón de niños.

Es la noche de los que hemos venido preparando el pobre pesebre de nuestro corazón. No teniendo otra cosa que ofrecerle más que pasto. Por eso, es la noche de los pobres, que agradecen recibiendo la salvación; porque saben que la gloria de Dios es el pobre.

Es la noche de los que vigilan despiertos, porque no pueden dormir. De los niños de la calle, de los enfermos, de los presos, de los desesperados y de los marginados.

Pero, sobre todo, la Nochebuena, ¡es la noche de los regalos! “¡Dime qué regalas, y te diré quién eres!”.

Cada uno de nosotros se manifiesta por lo que regala. A Dios le pasa lo mismo. No solo nos hace un gran regalo, sino que se nos regala en la persona de su Hijo muy querido, que se nos presenta como un niño envuelto en pañales y con aroma de pesebre.

Es un regalo difícil de rechazar. ¡Quién rechaza a un niño, por más que sepa que ese Niño le cambiará la vida!

P. Pedro E. Alurralde, monje benedictino del Monasterio de Santa María de los Toldos, Argentina.

DÍA DE NAVIDAD

EVANGELIO: Jn 1,1-5.9-14

«Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.

Al principio estaba junto a Dios.

Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.

En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.

La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.

Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció.

Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos Dios.

Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.

Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, llena de gracia y de verdad». 

«… Esto celebramos hoy: la venida de Dios a los hombres para que nosotros nos acerquemos a Dios o más propiamente, para que volvamos a Él, para que despojados del hombre viejo nos revistamos del nuevo y muertos en Adán, vivamos en Cristo. Con Cristo, también nosotros nacemos, somos también crucificados, con Él somos sepultados y resucitamos con Él. Es menester que yo siga el camino inverso, lleno de hermosura: porque como de las dotes más altas proviene el dolor, del dolor dimanarán las dotes más altas. Allí donde abundó el pecado sobreabundó la gracia (Rm 5,20) y si gustar el árbol fue nuestra condenación ¿cuánto más no habrá de justificarnos la pasión de Cristo? Celebramos la fiesta. No una fiesta pública, sino divina, no mundana, sino por encima del mundo. No las cosas de nuestra enfermedad, sino las de nuestra curación, no las de nuestra creación, sino las de nuestra restauración».

LUZ Y SONIDO

Cuando uno se encuentra sumergido en un ambiente oscuro, pierde la noción de la distancia y la del tiempo. Pero al accionar la llave eléctrica e iluminarse el recinto, todo cambia con la luz. En realidad, nada ha cambiado, las cosas siguen siendo las mismas, pero han adquirido una nueva dimensión.

Esto mismo se puede comprobar en los espectáculos llamados: “luz y sonido”. Con la iluminación y comentarios vocales y musicales, se recrean ambientes geográficos, históricos y culturales.

Todo esto resulta una vaga y pálida imagen, de lo que nos viene a narrar en esta Navidad, el prólogo de San Juan.

El prólogo de san Juan, es un grandioso espectáculo cósmico de “luz y de sonido”. Nos quiere hacer reinterpretar la historia de la humanidad, desde Cristo, la Palabra encarnada y Luz del mundo.

Por eso, al celebrar el misterio de la Encarnación y al recibir su luminoso mensaje, nuestra vida entona con vibrante tono festivo, un cántico nuevo. Porque: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visita el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte”.

P. Pedro E. Alurralde, monje benedictino del Monasterio de Santa María de los Toldos, Argentina.

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