Domingo III de Pascua

“Estaba ya amaneciendo”, la luz del amanecer coincide con la Presencia de Jesús Resucitado: Jesús es la Luz del mundo, su Presencia es el Día que nos permite vivir nuestra vida con sentido. El Resucitado es como la luz del sol al amanecer que disipa nuestras sombras. Estaba allí cuando comenzó a amanecer, había estado toda la noche, pero no supieron reconocerlo.

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Domingo II de Pascua

“Estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas por miedo”. Lo primero que se pone de relieve es la situación de la Comunidad después de la muerte de Jesús: Esta expresión manifiesta el miedo y la inseguridad en que vivían los discípulos, que no tenían todavía la experiencia interior de Jesús Resucitado. El miedo nos cierra a la Vida, a Jesús Resucitado, que es la Vida ofrecida siempre.

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Domingo de Resurrección

El evangelio de este domingo de Pascua nos lleva a acompañar a María Magdalena hasta el sepulcro donde había sido depositado el cuerpo de Jesús (Jn 20,1-9). Es el amanecer del primer día de la semana. Aquella discípula que lo había seguido por los caminos y había estado presente en la hora de la muerte de su Maestro, no puede olvidarlo.

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Mi carne descansa esperando – Sábado Santo

Del Sábado santo el Misal solamente dice lo siguiente, caracterizándolo litúrgicamente: «En este Sá­bado, la Iglesia se aferra al Sepulcro del Señor, meditando Su Pasión y Muerte, absteniéndose del Sacrificio de la Misa, desnuda la sagrada Mesa; hasta que, pasada la solemne Vigilia o expectación nocturna de la Resurrección, lleguen los goces pascuales, cuya abundancia ha de inundarla durante 50 días».

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Viernes Santo

Vamos a contemplar hoy en silencio a Jesús muerto en la cruz que ocupa el centro del Viernes Santo; ahí descubrimos el gran amor de Dios al mundo, que se hace solidario del sufrimiento de todos los seres humanos. Jesús ha sido crucificado fuera de las murallas de Jerusalén, donde morían los malditos y abandonados de Dios.

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Domingo de Ramos

Este es el grito de alegría que resuena en el Evangelio de este Domingo de Ramos. Es el grito de los discípulos y es también el grito de nuestro corazón… “¡Bendito el rey que viene!”. Jesús entra en la ciudad de Jerusalén siendo vitoreado por sus discípulos, por los niños y por la gente sencilla. Que este domingo nosotros renovemos también nuestra confianza en él y le acojamos en nuestro corazón.

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