Pentecostés, que significa, quincuagésimo es la fiesta del nacimiento de la Iglesia. Fiesta heredada del A. T. y renovada por el Espíritu de Cristo. Los cristianos, conmemoramos el descenso del Espíritu Santo sobre los Apóstoles. “Los apóstoles una vez fortalecidos por el Espíritu no se dejaron intimidar por sus perseguidores, sino que permanecieron tenazmente unidos al amor de CRISTO” (Cirilo de Alejandría, Coment. Al Ev. De San Juan 10). Así como ellos y como lo resume la tradición cristiana, nosotros queremos adoptar ante El, la DOCILIDAD, es decir estar sensibles a lo que el Espíritu Divino promueve a nuestro alrededor y en nosotras mismas y para esto necesitamos una purificación interior, por el AGUA y por el FUEGO de los sacramentos.

Anoche preparando la fiesta, en una sala cuidadosamente dispuesta para reunirnos, perseverábamos con María, en la oración. Recibimos los dones y nos preguntábamos que nos querría decir el Espíritu a cada una y en cada don, deseando repartirlos a toda la humanidad.

Como María, que por la misión del Espíritu, se convierte en Madre de los vivientes, queremos ser también nosotras Madre de los sufrientes, regalándoles el significado y la fuerza de los siete dones:

  1. Sabiduría. Es el don de entender lo que favorece y lo que perjudica al proyecto de Dios.Él fortalece nuestra caridad y nos prepara para una visión plena de Dios.

El mismo Jesús nos dijo: “Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros” (Mt 10, 19-20).

La verdadera sabiduría trae el gusto de Dios y su Palabra.

  1. Entendimiento. Es el don divino que nos ilumina para aceptar las verdades reveladas por Dios. Mediante este don, el Espíritu Santo nos permiteescrutar las profundidades de Dios,comunicando a nuestro corazón una particular participación en el conocimiento divino, en los secretos del mundo y en la intimidad del mismo Dios.

El Señor dijo: “Les daré corazón para conocerme, pues yo soy Yahveh” (Jer 24,7).

  1. Consejo. Es el don de saber discernir los caminos y las opciones, de saber orientar y escuchar.Es la luz que el Espíritu nos da para distinguir lo correcto e incorrecto, lo verdadero y falso.

Sobre Jesús reposó el Espíritu Santo, y le dio en plenitud ese don, como había profetizado Isaías: “No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra” (Is 11, 3-4).

  1. Ciencia.Es el don de la ciencia de Dios y no la ciencia del mundo. Por este don el Espíritu Santo nos revela interiormente el pensamiento de Dios sobre nosotros, pues “nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1Co 2, 11).
  2. Piedad. Es el don que el Espíritu Santo nos da para estar siempre abiertos a la voluntad de Dios, buscando siempre actuar como Jesús actuaría.

Si Dios vive su alianza con el hombre de manera tan envolvente, el hombre, a su vez, se siente también invitado a ser piadoso con todos.

En la Primera Carta de San Pablo a los Corintios escribió: “En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que estéis en la ignorancia. Sabéis que cuando erais gentiles, os dejabais arrastrar ciegamente hacia los ídolos mudos. Por eso os hago saber que nadie, hablando con el Espíritu de Dios, puede decir: «¡Anatema es Jesús!»; y nadie puede decir: «¡Jesús es Señor!» sino con el Espíritu Santo” (1Co 12, 1-3).

  1. Fortaleza. Este es el don que nos vuelve valientespara enfrentar las dificultades del día a día de la vida cristiana. Vuelve fuerte y heroica la fe. Recordemos el valor de los mártires. Nos da perseverancia y firmeza en las decisiones.

Los que tienen ese don no se amedrentan frente a las amenazas y persecuciones, pues confían incondicionalmente en el Padre.

El Apocalipsis dice: “No temas por lo que vas a sufrir: el Diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis tentados, y sufriréis una tribulación de diez días. Manténte fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida” (Ap 2,10).

  1. Temor de Dios. Este don nos mantiene en el debido respeto frente a Dios y en la sumisión a su voluntad, apartándonos de todo lo que le pueda desagradar.

Por eso, Jesús siempre tuvo cuidado en hacer en todo la voluntad del Padre, como Isaías había profetizado: “Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh” (Is 11,2).

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Con las Vísperas solemnes de la Solemnidad de Pentecostés, se termina el Tiempo Pascual y comienza el tiempo de la Iglesia llevada por el Espíritu Santo. Se despide entonces el ALELUYA, el canto Pascual a la Virgen María, REGINA COELI y se apaga el CIRIO PASCUAL que es la presencia de CRISTO RESUCITADO y que presidió todas las celebraciones durante los 50 días del Tiempo Pascual. Igual Jesús nos prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Pentecostés, II Vísperas 31 de mayo

Publicado por Monasterio de La Asunción, Monjas Benedictinas – Rengo en Domingo, 31 de mayo de 2020